Segunda historia #convosatodaspartes

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Y llegó la segunda historia #convosatodaspartes
La protagonista es kari de @monpetitglouton. Un día, en medio de su
mudanza, encontró muchos recuerdos que tenía guardados, y empezó a
compartirlos en sus stories y ahí me di cuenta que esta historia es
espectacular!  Ella es súper carismática y famosa en las redes por las
recetas buenísimas para chicos, pero también comparte miles de tips,
como dónde comprar en el once. Nos compartió la historia de sus
mellis, sus viajes, su mudanza, etc. Es súper auténtica y divertida. Y
siempre me llamó la atención esa combinación de culturas que conforman
su matrimonio. Ella es China, él francés (más conocido como “el
franchute”) y viven en Argentina!

Se conocieron en Francia, el destino quiso que fueran compañeros de un
Master, el cual ella viajó especialmente para hacer. En la clase eran 90,
pero cuando les tocó hacer un trabajo práctico juntos se conocieron
más, también una vez que organizaron una comida, Kari hizo un montón
de empanadas y el franchute se comió 10, ¿cómo no iba a llamar su
atención?

Después de dos meses de noviazgo en Francia, ella decidió volver y él
la siguió.

Kari creció en Argentina y le encanta. Los dos querían emprender, y
Kari le aseguro que no había mejor lugar en el mundo que Argentina
para hacerlo. Asique asi lo hicieron.
Entre ellos hablan en francés, porque así fue desde un principio y
después no lograron cambiarlo. Con sus hijos tratan de respetar todas
las tradiciones de sus respectivos países, para transmitirles lo más
que puedan sus culturas, sus orígenes.

La gente siempre le dice que suerte que tiene de haberse casado con un
francés, por lo romántico que son. “Pero también es mucha presión!
porque ellos también esperan el mismo romanticismo y regalos”, asegura
Kari. Otra de las cosas “malas” es que los franceses fueron criado con
otro chip, uno mucho más analítico, lo opuesto a la cultura china, por
lo que las discusiones se vuelven un debate, argumentos que sostener y
hasta ganas de revolear una sartén.

Lo mejor de la cultura francesa es la igualdad de generos, por lo que todos es entre los dos, y conmellizos eso es un plus muy importante.

Pero más allá de todo, de las diferencias, de las sartenes que a veces se quieran revolear,de suegras diferentes, Kari agradece todos los días, a todos los santos,
que “el franchute” se le haya cruzado en su camino.

Gracias Kari por compartir tu historia!! Me encanta. Y que sigan
escribiéndola para siempre!

Viajar en avión con dos menores de 4 y ¡SOLA!

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Hace ya 2 meses partí para Argentina con mis dos hijos. Era la segunda vez en un año que iba hacer ese viajón y me di cuenta que es un día entero desde que salgo de casa hasta que llego a lo de mis papás. Las dos veces me anime por la misma razón: un casamiento. En marzo el de mi hermana y en diciembre el de mi mejor amiga, en el que también era testigo, por lo que no podía esperar a que marido tenga libre para viajar juntos. Tomé coraje y dije “no me queda otra, lo tengo que hacer”, y la verdad que en marzo se habían portado tan bien que estaba tranquila. Pero a veces los nervios pasan por otro lado, más que llegó una ola polar a Europa y una semana antes de viaje cayeron los dos enfermos, y un día antes: yo. Asíque como se imaginarán, no fue un viaje muy ameno, y llegué a Argentina sin varias cosas que tenía que hacer antes de partir, pero ¡llegué! Y esa sensación de aterrizar en tu país, después de varias horas sin dormir, es única. Qué alegría por Dios.
La verdad que viajar en avión por tantas horas con dos niños de 3 y medio y el otro de un año es estresante, pero hay que hacerlo. Siempre vale la pena un viaje. Siempre gana las ganas de viajar antes que el miedo. Y no soy la primera ni la última. Sé cómo me mira la gente cuando subo al avión, alguna se compadecen de mi, otros rezan para que mi asiento esté lejos que el de ellos, y otros me llaman valiente.
La verdad que el viaje dentro de todo y contra todo pronóstico estuvo bastante bien. Lo peor fue la hora que estuvimos en el avión sin despegar y con los cinturones abrochados “por un problema técnico”. En otro momento de mi vida me hubiera preocupado por ese problema técnico, pero en ese momento lo único que quería era que el avión se empezará a mover así mi hijo más chico se dormía. Estaba con sueño, dolor de oído, y no había forma de dormirlo con el avión frenado y con el cinturón abrochado. Apenas arreglaron el desperfecto (55 min después) y el avión empezó a carretear, Baltazar se durmió.

Juan cruz, el de 3, fue felicitado por todos cuando aterrizamos, porque después de 12 horas juntos, te sentís que sos vecino/conocido de la señora del asiento de adelante o la del costado. “Casi ni se sintió” “pensé que estabas sólo con un bebe”.

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Acá van mis consejos:
Como dije antes: animarse!!
El viaje ya son las vacaciones asique si el chico quiere comer en el McDonalds del aeropuerto en el que haces escala: cómprale la cajita feliz.
Ipads y fiesta de pantallas: sí, en estas situaciones doy gracias a la tecnología y le doy rienda suelta.
Cansarlos: tuve escala en Madrid de 20hs a 23hs. En esas horas los hice correr, los lleve a unos juegos, les compre lo que querían comer, miramos los aviones; aunque ya era su hora de dormir y estaban cansados no dejé que se duerman por nada del mundo. Yo también me canse. Pero valió la pena. Las 12 horas que dura el vuelo Madrid/BsAs, 10 las durmieron.
Hacer oídos sordos y ojos ciegos: hay gente que te mira mal, los mira mal a tus hijos porque están corriendo en un aeropuerto, o a vos cuando te sentás al lado con un bebé a upa. Que no te importe nada.
Aprovéchate de esta situación: acá quiero marcar punto positivo para Ezeiza, las dos veces que estuve sola, la amabilidad y la ayuda de la gente que trabaja ahí no la viví en ningún otro lado. Pensar que tuve que pescar de la cinta dos valijas, cochecito y cargar todo eso más niños y siempre había alguien para ayudarme y hacerme pasar primera en las filas.
Si tenes un minuto, relaja. Lee el libro que llevaste, mira un rato una película, o degusta el clásico pollo o pasta. Ya estás en el baile: baila

“Creamos nuestra propia cultura”

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Lu se recibió en el 2000 y ese mismo día decidió irse con una amiga a estudiar inglés afuera. Hoy, no puede creer como ese viaje le cambio la vida, la marco para siempre.
Ese mismo verano partió para San Francisco, y su día a día se convirtió casi como una escena de una película americana cualquiera. Sus días transcurrían en un College y confiesa que su ocupación principal era de ir de fiesta en fiesta.
La primera vez que lo vio, también podría ser parte de una película, estaba con su bandeja en el comedor y para ella fue amor a primera vista “Mira lo que es ese pibe por favor!” le dijo a su amiga.
Empezó a averiguar quién era, y cuando ya había conseguido un par de datos trato de cruzárselo de vuelta. “Es alemán, se llama André y está en tal cuarto”, le dijeron. Asique se aprovechó de un amigo mexicano que dormía cerca de él para frecuentar la zona, y desear con todas sus fuerzas que se produzca otro encuentro. Se cruzaron en la sala de computación (en ese momento había que ir para conectarse a internet) y ella siente que ese cruce de miradas y ese tímido “hi” fue el flechazo.
Empezaron a cruzarse en fiestas, ella se enteró que estaba de novio, pero igualemente el día antes de irse fue hasta su cuarto, le tocó la puerta y le dijo lo que le pasaba. Él le dijo que estaba igual que ella pero tenía novia.
Se tomó el avión rumbo a Buenos Aires pensando: adiós alemán para siempre.
Pero para su sorpresa cuando llegó tenía un mail de él declarándole su amor. Ella lo mando imagínense a dónde.
En 2002, Lu decidió mudarse a Barcelona. Los mails con el alemán seguían y su novia también, además apareció en escena un novio de ella. Los mails nunca se cortaron, eran esporádicos, pero nunca dejaron de estar en contacto.
En 2006 él le mando una reserva de avión, preguntándole si podía recibirlo. Ella aceptó, pero en realidad ya estaba en otra, pensó que haría de guía de turismo de un viejo conocido y nada más.
Pero ese papel duró poco y rápido se pusieron de novios. El avión se convirtió en el aliado fundamental de esta relación y en mazo del 2011 nació su primer hijo. Y elegir un nombre fue un gran tema hasta que decidieron que no se podía llamar de otra manera que no sea Francisco. Ese mismo año se casaron. ¿Dónde? En san Francisco. Ni más ni menos a los pies del golden gate. Su casamiento también fue de película.

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Lo que más me gustó y llamó la atención de esta historia es como congeniar, tener hijos, formar una familia con una persona de un país tan distinto al nuestro. Lu me confesó que el primer año no fue fácil, discutían mucho pero después se aceptaron con sus diferencias y apostaron a esta unión de culturas. Hoy tienen 2 hijos y una gran vida juntos. Ella ama su paciencia, como resuelve todo, y sobretodo como mantienen la calma en los momentos difíciles, no tanto su fanatismos por los deportes de invierno, ella es más de la playa, pero se amoldaron el uno al otro y lo más lindo que me dijo fue: “Creo que desde que estamos juntos cambiamos mucho los dos. Nos encontramos en un punto donde no existe ni la cultura argentina ni la cultura alemana. Formamos nuestra propia cultura”

 

Gracias Lu por coparte y ser la primera en contarme tu historia!! Te deseo lo mejor y que sigan siendo súper felices en su propia cultura.

¿En qué momento quise tener dos hijos?

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Hay días que estoy más panicosa que otros y me encuentro pensando cosas como: ¿en qué momento me volví tan loca de tener dos hijos? De llevar tanta responsabilidad en mis hombros PARA SIEMPRE, ¿Cómo voy hacer para educarlos bien y que nunca les falte nada, para que no me odien en su adolescencia o para que no se vivan comparando con sus compañeros?
Y trató de calmarme y agradecer que el día que decidí que quería tener hijos no me agarró esta locura, porque nunca me hubiera animado.
Y trató de convencerme que ellos no necesitan los mejores juguetes, vivir disfrazados, ni comer las galletitas de las publicidades.
No necesitan irse de vacaciones a destinos paradisíacos y hoteles con kids club.
No necesitan dormir en cuartos decorados con sus superhéroes o princesa de Disney preferida.
No necesitan tener books de fotos profesionales todos los años.
No necesitan comer los helados de moda, ni tener el último iPad.
Obviamente si puede darles todo eso, está más que bien que lo haga si creo que es necesario.
Pero lo que pienso es que todo eso no los va a ser más felices y mejores personas.
No los va hacer hombres nobles y perseverantes.
Y seguramente ni se acuerden de muchas de esas cosas.
Pero sí se van acordar que yo estaba para ayudarlos con la tarea o leerles ese libro.
Que yo estaba pateando la pelota una y otra vez. Que les enseñé a andar en bici y los acompañé en ese partido tan importante para ellos. Que estoy cuando están tristes porque no ganaron a ese juego en el jardín, o para festejar juntos que empezaron las vacaciones.
Voy a estar siempre diciendo que se abriguen y que hagan la tarea. Voy a estar siempre rogando que se duerman y después pensar en cómo hice algo tan perfecto. Voy a desvelarme cada vez que tengan fiebre y voy a estar siempre para abrazarlos. Voy a intentar siempre demostrarles lo afortunados que somos de ver un atardecer en la playa o irnos de vacaciones aunque sea acá a dos horas. A ver siempre lo positivo de la vida y siempre tirar para adelante.
Quiero que aprendan con el ejemplo.
Quiero que vean una mamá con ganas de progresar y con muchos proyectos. Una mamá que vive para ellos pero también para ella misma. Una mamá que les cocina la torta de cumpleaños no tan perfecta, pero que la viene planeando hace un mes. Una mamá que se emociona con un te quiero y que no acepta mentiras.

Y que nunca pierdan la capacidad de asombro y de disfrute.
Porque de eso se trata, ir aprendiendo y creciendo juntos.
Gracias a la vida por estos dos maestros. Qué suerte que me animé a tenerlos.

 

Camila Ogallar

REGALAR

A casi un mes de Navidad llegó la época en que la frase: “portate bien que Papá Noel te está mirando” se convirtió en mi frase de cabecera. Ya sé que no es lo ideal estar amenazando a mi hijo de tres años, pero en general tiene 100% de efectividad y y a esta altura del año me viene bien tener ese comodín.
Hay miles de teorías sobre cuántos regalos son los ideales para que nuestros hijos reciban en Navidad, también están los que dicen que no hay que regalar nada, y los que ya tienen el placard colapsado de paquetes escondidos. Los que le compran algo hasta al hijo del portero o los que hacen un solo regalo general. Los que compran el 24 lo que encuentran y los que desde agosto ya saben que regalarle a cada integrante de la familia. Los que compran siempre lo mismo y los que siempre sorprenden con sus regalos creativos.
Este año, con mi ida a Argentina a principios de diciembre, estoy en en el bando de las organizadas. Comprando y pensando desde noviembre.
Con respecto a nuestros hijos, ¿Cuánto es mucho? ¿Vale la pena gastar tanto en ese juguete que vio en la tele? esos segundos con esa cara de felicidad y de sorpresa, son inolvidables. Pero después se pone a jugar con la caja. O prefiere el juguete del primo.
Y con respecto a todos, tengamos hijos o no, a nuestro novio/marido, papás, hermanos, amiga del alma o esa persona que no vimos mucho durante el año pero que queremos mucho ¿les regalan?
Yo creo que regalar es una forma de dar amor. No importa cuánto gastemos, sino el tiempo que pensamos, buscamos, hicimos por el otro. Es tiempo invertido en alguien que queremos. Es agradecer. Aunque sea con un chocolate, con una foto, con algo hecho con nuestras propias manos o con esos zapatos que sabemos que le quitan el sueño. Es festejar. Y festejar con las personas que uno quiere, sean 2, 4 o 20, ese es el regalo más grande de la vida. Es deleitar a alguien con algo 10 o 1000 pesos. Es dar nuestro tiempo, y eso vale oro.

 

Convivir con el terrorismo

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Pensé mucho en escribir sobre esto. Porque este blog es sobre maternidad, mi vida en Francia y a grandes rasgos de cosas que me dan felicidad. Siempre digo que si nadie me leyera, igual seguiría escribiendo para tener todo lo que viví estos años de expatriada en un mismo lugar.
Pero hoy siento la necesidad de escribir sobre esto.
Hace unos meses, me pidieron en el diario para el que trabajo que escribiera sobre este tema. Cómo vivo yo mi día a día, siendo Argentina, en un país donde se produjeron muchos atentados en los últimos años. Porque la realidad es que, viviendo en Argentina, podemos tener miedo a muchas cosas, pero no a un ataque terrorista.
Decidimos mudarnos porque, además de por la carrera de mi marido, nos seducía la idea de tener mejor calidad de vida. De vivir en un país donde lo precios no aumenten todos los días, donde el estado está presente en la educación, en la salud, en la cultura, donde puedo olvidarme de cerrar la puerta del auto y no pasa nada, y demás. Y nos sigue seduciendo. Pero también apareció el miedo. La Navidad pasada pensé dos veces antes de ir a pasear por los mercados navideños que tanto me gustan de alguna gran ciudad. Me encontré almorzando en una mesa en el centro de Bordeaux pensando, si viene un loco de acá no puedo salir, y pasar año nuevo brindando frente a la torre Eiffel como ya lo hicimos varias veces me parece una locura y encima ya no es la misma, está blindada y te tienen que revisar para poder ingresar a la base. Es horrible tener miedo. Y trató de pensar que teniéndolo ellos ganan. No tengo ni tenemos que dejar de vivir en libertad. Además de todas las vidas que se llevan, no se van a llevar nuestra libertad.
Que el turismo baje, que la gente se quede en su casa, que deje de hacer cosas que antes hacía… esa es la victoria del miedo. Y no tenemos que dejar que pase.
Porque somos más los que queremos La Paz, porque somos más los que queremos ser libres.
Hoy va dedicado a esos amigos que por su historia, por su nacionalidad, por su amistad, hicieron que sienta más cercana esta tragedia, aunque haya sido en EE.UU que las que ocurrieron acá.

Por ellos y por sus familias. Por La Paz y la libertad. Que es nuestra.

Tiempo para mí

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3:30 de la tarde. Llueve. Hijos durmiendo la siesta. Y yo debato si tirarme con ellos o tener tiempo para mí. La mañana de trámites y trabajo me dejó de cama, pero decido no dormir siesta porque después no hay quien me duerma. Me hago un café con leche con mucha espuma, porque como los chicos duermen tengo tiempo para hacer la espuma. Me agarro unas galletitas. Acomodo el sillón, saco los autitos entre los almohadones y a ese minion que siempre está donde no tiene que estar. Me estoy por sentar y me acuerdo que tengo que colgar la ropa y mandar ese mail que tengo pendiente desde la mañana. Y cuando prendo la computadora y como los chicos duermen decido terminar la nota que iba a terminar a la noche. Cuando por fin me voy a sentar, veo la puerta abierta del cuarto de los chicos y no me puedo resistir a ordenar un poco. Junto autos, motos y pelotas. Cierro el placard y pienso que tendría que hacer orden, sacar lo que ya le queda chico a Baltazar y guardarlo, Dios sabe para quién. Es una de las cosas que más pateo para delante, porque no sólo implica hacer orden, sino la revolución emocional que ese orden conlleva. Ya mi bebe no va a usar nunca más esa ropa💔. Asique me convenzo que lo voy hacer el fin de semana. Porque desde que tengo hijos los fines de semana, sirven para ese tipo de cosas, además de otras miles de actividades. Me obligo a sentarme y a tener ese tiempo para mí porque después me quejo que no tengo tiempo para mí. Me siento, y cuando decido ver esa serie que tenía abandonada y mientras miro atenta lo que pasó en los últimos capítulos porque ya no me acuerdo, doy un sorbo al café y obviamente está helado, y ya la espuma se había bajado. Voy a calentar el café, y cuando vuelvo, lo veo a Juan cruz en el sillón, jugando con los autitos y comiendo las galletitas. Y mi tiempo para mí se terminó, lo desperdicié. Pero veo esa sonrisa y escucho ese ¡mamá! y me doy cuenta que ese es el tiempo para mí, porque desde que soy mamá todo cambio. Los tiempos, los gustos, el cansancio, todo es diferente. Compartimos las galletitas, tomé el café recalentado y terminamos viendo lo que él quiso. Y me doy cuenta que el tiempo para mí también puede ser pasar un buen momento con uno de mis hijos.

MAMÁ JOVEN

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Después de un mes hablando del día de la madre, de miles de publicidades, de redes sociales inundadas de mensajes para las mamás, de millones de sorteos (y no gané ninguno de los miles que participé) quedé un poco empalagada y el día de la madre no pude escribir nada ni de mis hijos, ni de mi mamá, ni de mí. Ya leí demasiado, creo que hubiera sido más de lo mismo y la verdad que escribo sobre maternidad durante todo el año. Por eso decidí contar sobre una persona que quiero mucho, que me enseñó un montón sin ella saberlo y que admiro desde que la conocí.
Nos hicimos amigas bastante rápido en la facultad, creo que después de la primera semana de cursada ya estábamos estudiando juntas. Siempre impecable, vestida con lo último, con mucha energía y dispuesta a todo, hacía mil cosas por día.
Y hablaba siempre de una tal Juana, yo juré que era una hermanita, hasta que a los pocos días me dice de ir a estudiar a su casa en vez de la biblioteca. Me acuerdo que llegué y ella le estaba dando de comer a una rubiecita divina de masomenos un año y ahí entendí todo. Esos comentarios despectivos que me habían llegado de: “vas a la facultad con la chica que tiene una hija?” Eran por ella. Después de ese día, de verla a mi amiga de 18 años siendo mamá, estudiante, compañera, hija, mi respuesta era “sí, y no sabes lo buena mamá que es”
Me acuerdo de tantas tardes de estudio donde ella en algún recreo planeaba el cumple de su hija o sacaba turno en el pediatra.
Me contó que se sintió mamá, esa primer noche en el hospital, su primer noche de a tres, con solo 17 años y sin tenerlo en los planes. Pero ese sentimiento, esa primer noche, la sentimos igual, tengamos 30 o 17.
Nunca me voy a olvidar, cuando yo estaba viviendo en París, organizando un casamiento a distancia y ya no me quedaba un peso más, ella me hizo toda la ambientación, porque además de tener una hija, de estudiar y trabajar ella siempre tiene tiempo para las amigas.
Este día/mes de la madre quiero festejar a esas chicas, mujeres que cuando vieron ese evatest positivo se les cayo el mundo abajo, sea la situación que sea, porque son muy jóvenes, no es el momento, no es con la persona deseada, pero que salieron adelante. Como mi amiga, que además de convertirse en una gran mamá con 17 años, en un momento donde cualquier chica tiene la cabeza en otra cosa, ella formó una familia.
Hoy con 28, además de tener una familia divina, gracias a ese novio que siendo muy joven también, nunca las dejó solas, y unos padres increíbles, Azul es una gran amiga, hija, novia y además es súper exitosa en lo profesional. Porque todo lo que hace le pone todo, y nunca se queja! . A veces la vida nos sorprende, adelanta o atrasa algunos planes, pero el secreto está en aceptar lo que nos toca y hacerlo lo mejor que podamos. Y eso me enseñó mi amiga, a las 18 años, cuando yo lo único que pensaba era pasar aquel final, o qué hacer el viernes.
Y hoy, ella es feliz creciendo junto a su hija y junto a su novio. Le encanta ser mamá joven, la relación que tiene con su hija y está segura que lo mejor de su vida, es tener hace 11 años una compañera incondicional.

Sigo siendo yo

Ya con mi segundo hijo con un año y un mes puedo decir que la etapa de adaptación, de celos, de rutinas de bebés, van quedando atrás. Volví a dormir un poco más seguido (un poco nomás), quedó atrás el cochecito gigante y los bolsos explotados cada vez que salíamos por terror a quedarnos sin mamadera, pañales o juguetes, aunque nos alejemos un par de cuadras de casa. Volví también a tener tiempo para leer (como extrañaba) y para arrancar un curso. Y también volví a ser mujer, a tener un marido, a tener un poco de más tiempo para nosotros, de ver el capítulo de la serie sin interrupciones (con excepciones, claro), volví atesorar esas horas que los chicos están dormidos y las nuestras antes de dormir y de esperarlas durante el día.

Siempre digo que decidir tener un hijo cuando la pareja no está en el mejor momento, es una de las peores decisiones que una puede tomar. Se creé que un hijo va a traer soluciones cuando en realidad es todo lo contrario. Hay que estar en un buen momento, de estabilidad, amor y mucho compañerismo. Porque un hijo además de traer un amor incomparable a la vida de cada uno de los padres trae una responsabilidad inigualable. Trae cansancio, culpa e incertidumbre. Los primeros meses son difíciles, y hay que estar preparado para poder pasarlos de la mejor manera. Cada uno desde su lugar.

El hombre, si quiere vivir en armonía, se convierte en un acompañante por excelencia, durante el embarazo, el parto y el postparto. Cuando vuelve agotado de su día laboral, lo más probable es que no encuentre a esa mujer que conocía y de la que se había enamorado, sino con otra cansada, agotada y ojerosa, que seguramente lo primera que diga cuando lo vea sea: “no te sientes, anda a comprar pañales o cuídalo vos que me quiero bañar.”

Nosotras tenemos que entender que para nuestro marido también son muchos cambios. tenemos que confiar en él, y dejarlo que se relacione con el bebé, dejar de darle indicaciones de cómo lo tiene que alzar, o cómo hay que bañarlo, hay que darles su espacio para que se conozcan. Hay que tener en cuenta que nosotras convivimos con nuestro hijo nueve meses antes que ellos.

Tengo un hijo, pero también un matrimonio con una persona que la conocí antes que mi hijo, que es gracias a esa persona que tengo ese hijo y que tantas veces me hizo tan feliz. Para los hombres también es un gran cambio, llegar a casa y que ya no esté esa mujer con las que se reía, compartía charlas, podía hacer planes y ver una serie sin interrupciones. Ahora llega y se encuentra con una persona desconocida, cansada y a veces hasta enojada. Pero tienen que estar tranquilos que es solo una etapa, que todo pasa, que las hormonas, el cansancio y el puerperio nos pueden revolucionar un poco, pero en el fondo seguimos siendo la de siempre.

Tener un hijo pone a prueba la solidez de la pareja. Es muy importante, que el deseo de tener un hijo sea compartido y que justamente ese sea el deseo, no arreglar un problema de pareja. Un hijo trae amor y felicidad plena, y también forma un equipo. Un equipo de dos y una familia.

Y de repente, nos miramos, y aunque me sienta muy cansada, con la mirada le digo: acá estoy, soy la mujer de la que te enamoraste y aunque nunca imaginé que podía, ahora te quiero todavía más.

Empezar en septiembre

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Qué raro se me hace arrancar un año lectivo, más cerca de fin de año que de principios.

Siempre imaginé que el día que tuviera hijos, el primer de día de jardín sería en marzo, con mucho calor, compartiendo esa experiencia con alguna amiga y llevándolo a un colegio que conozca o que tenga buenas referencias.

Pero me encuentro en septiembre, caminando un par de cuadras bajo une leve llovizna, por un barrio tranquilo y dejando a mi hijo en un ecole maternelle. Sí, dejándolo. Yo también me imaginé que iba a ser una adaptación larga, donde iba a compartir algún café con alguna otra mamá y hablaríamos de la rápido que pasó el tiempo. Pero no. La adaptación duró cinco minutos por reloj. “Hola soy veronique, la maestra, ¿Juan cruz se queda a la tarde o solo a la mañana?” lo único que pude intercambiar con la primera maestra de la vida de mi hijo, en su primer día de la vida en una institución educativa. No digo que sea antipática, pero estaba ocupada preguntándole a todos los padres, en esos cinco minutos que podíamos estar en la sala. Gracias a Dios, Juan cruz se quedó feliz y creo que fue uno de los días más felices de su vida; es el ser más sociable que conozco y por suerte iba a compartir toda una mañana con 25 “amigos”. Un solo chico lloró y la madre, sin ninguna culpa le dijo, “me tengo q ir a trabajar, nos vemos a la tarde” y se fue. Lo dejó llorando y yo tenía ganas de abrazarlo, pero se pasaban mis cinco minutos para ver a mi hijo interactuando en ese nuevo mundo.

Esta primer semana Juan cruz fue feliz. No hay drama, ni culpas. Es lo que hay que hacer y punto. No hay llantos, ni se paran las actividades de nadie. No hay mamás culposas ni padres preocupados. Me costaría mucho si fuera difícil para mi hijo este cambio y yo no podría acompañarlo como estamos acostumbrados en Argentina.

Es diferente, no hay gente conocida, ni maestras súper cariñosas. Pero por ahora todo resulta bien. Sin contar que no pagamos un euro y la estructura del colegio es excelente. Ni hablar de “la cantine” y sus menúes semanales, un tema aparte.

Diferente de lo que me imaginé, pero no por eso malo, todo lo contrario.
Gracias a la vida de poder vivir esta experiencia, que mi hijo hable francés, coma queso de postre y se contagie un poco de esta practicidad (o frialdad) francesa. Que en la diversidad está la riqueza y de todo se aprende.
Juan Cruz: hoy Francia es tu casa, aprovéchala.